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La muerte en Pompeya

La infame erupción del Vesubio en el 79 d.C. arrasó el paisaje circundante y a los residentes de las metrópolis romanas erigidas a la sombra del volcán. Cuando las cenizas provocaron derrumbamientos de edificios en Pompeya, las violentas corrientes piroclásticas cayeron ladera abajo y asfixiaron la ciudad, la cercana localidad portuaria de Herculano y varios lugares más.

Pintado a mediados del siglo XIX, «El último día de Pompeya» supone la idea de un artista de la erupción del Vesubio en el 79 d.C.

Un equipo de especialistas italianos ha revisado recientemente algunas de las muertes más terribles de Herculano, en las que aparentemente los cráneos de la gente explotaron. La hipótesis tradicional de los investigadores ha sido que el calor extremo fue el principal asesino, provocando que los fluidos de los cerebros de las víctimas y sus tejidos blandos hirvieran rápidamente.

Los desechos voladores pueden golpear y matar a la gente e inhalar demasiada ceniza o respirar gas volcánico puede provocar asfixia. Las temperaturas extremadamente altas pueden freír a una persona hasta la muerte en un abrir y cerrar de ojos.

Los efectos del calor en los cuerpos de la gente fueron diferentes entre los habitantes de Herculano y los de Pompeya. Pompeya, a 9,6 kilómetros de distancia del volcán, se vio afectada inicialmente por los restos que se precipitaron desde este, que hicieron que las casas se derrumbasen y asfixiaron a sus ocupantes. A continuación, la ciudad se vio afectada por una oleada piroclástica muy gaseosa, responsable del mayor número de víctimas.

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El Vesubio

En Herculano y en la cercana ciudad de Oplontis tuvo lugar algo más perturbador. Estos dos asentamientos se encontraban unos tres kilómetros más cerca de la fisura del Vesubio y los investigadores han descubierto víctimas en estos lugares cuyo ADN estaba completamente degradado, con fracturas óseas inducidas por el calor y cráneos que aparentemente habían explotado.

Los hornos de los crematorios funerarios modernos aportan una sombría ventana a la aniquilación de cuerpos humanos, con temperaturas de hasta mil grados Celsius. Este calor es comparable al que podrían haber experimentado las víctimas de Herculano.

 

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